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La lluvia se derrama por ti, 
dibujando coronas de agua y, en Madrid, 
tu nombre se escribe en el vaho 
de una ventana, y al otro lado 
te lanzo un beso que no pude dejar en ti. 

La promesa creo ver en ti 
de una última batalla aquí en Madrid. 
Hoy tocan jazz en aquel bar 
donde no pude soportar 
la quemadura que en mi boca hace una verdad. 

No encuentro ni un momento 
de calma en mi tiempo 
que no crea que debas ocupar, 
ni un rincón en tu cuerpo 
que no deba invadir, 
olvidaré hasta el idioma por ti. 

Bendito el día en que consigo despertar 
con el ritual con que te sueles levantar. 
Tú juegas a esconder 
las dunas de tu piel, 
en el oasis de tu vientre me hundiré. 

Si el resto del viaje decides hacerlo sin mí, 
será tan duro sobrevivir sólo en Madrid. 
Quizás en aquel bar 
sigan tocando jazz, 
te esperaré en la misma mesa en que te hablé. 

De ese salto al vacío 
que planeaba contigo, 
de mis ganas de revolución, 
de mis manos hechas viento, 
meciendo en tu cuerpo 
las amapolas que sembramos en ti.

No encuentro ni un momento 
de calma en mi tiempo 
que no crea que debas ocupar, 
ni un rincón en tu cuerpo 
que no deba invadir, 
olvidaré hasta el idioma por ti.